El coronavirus evolucionará hacia una forma menos agresiva

Lo más probable es que el coronavirus se atenúe y conviva con nosotros como la gripe. Los virus, al poseer genomas pequeños y una maquinaria de replicación propensa a cometer errores, poseen una capacidad de evolución extraordinaria, mostrando tasas de mutación mucho mayores que las de los hospedadores que infectan. Para los biólogos esto es una maravilla, porque les permite ver la selección natural y la evolución ocurriendo en tiempo real: los procesos de adaptación que ocurren durante siglos o milenios en organismos grandes, se pueden observar en los virus en días o semanas. Los virus evolucionan rápidamente para adquirir resistencia a los antivirales, escapar a las respuestas del sistema inmunitario, y cuando se estudian en laboratorio, adaptarse rápidamente a diferentes condiciones de cultivo, nuevos receptores y nuevos hospedadores. Sin embargo se da una paradoja, cuando la evolución viral se mide en escalas de tiempo cortas, generalmente se observan tasas rápidas de cambios en su genoma, pero en escalas temporales más largas, las tasas de evolución viral son mucho más lentas, aproximándose a las de sus hospedadores. Se han propuesto varias hipótesis para tratar de explicar este fenómeno, y quizás la explicación más ampliamente aceptada es que las mediciones a corto plazo incluyen mutaciones perjudiciales transitorias y adaptaciones beneficiosas pero que no son estables en el tiempo, mientras que las tasas de variación a largo plazo representan la verdadera tasa de fijación de mutaciones sobre escalas de tiempo macroevolutivas. La infección del mismo hospedador durante decenas o cientos de años, o tal vez incluso milenios, conduce la evolución de los virus a un equilibrio evolutivo, un genoma optimizado y súperespecializado para mantener en el tiempo infecciones en la población del hospedador. El virus se adapta tan perfectamente al hospedador que este actúa como una especie de “prisión” para él: convivirán juntos para siempre, pero el virus no evolucionará mucho más y no podrá escapar de ese hospedador. A cambio, conseguirá “la eternidad”, en el sentido de que continuará replicándose para siempre. Dicho de otro modo, las altas tasas de mutaciones a corto plazo reflejan una situación en la que el virus está explorando los límites de su hospedador. La evolución a largo plazo, sin embargo, refleja cómo los virus se van adaptando perfectamente a su nicho/hospedador. Cuando los virus saltan entre especies, como en el caso del coronavirus, la adaptación al nuevo hospedador/especie se asocia con cambios genéticos rápidos que afectan a la secuencia de aminoácidos de las proteínas virales, especialmente aquellas asociadas con las interacciones con su receptor y con esquivar la inmunidad innata del hospedador. Sin embargo, una vez pasada esta fase, llegarán a un equilibrio evolutivo en el que convivirán “armónicamente” virus y hospedador. Esto es lo que ocurrirá con el coronavirus. Las cepas más agresivas van a ir siendo paulatinamente sustituidas por aquellas de menor letalidad y virulencia, que se sumará a un aumento en la inmunidad de la población. Esto es debido a que el éxito de las especies (también los virus) consiste en su perpetuación. Si un virus es muy letal o muy patógeno (dañino), sus hospedadores morirán o quedarán confinados en cama, con lo que se reduce el número de nuevas posibles infecciones. Y eso al virus “no le conviene”: si un virus mata muy rápido impide que el hospedador contagie a la gente necesaria para perpetuarse. Es por eso que la selección natural actuará sobre el virus y este evolucionará hacia cepas virales no tan letales. Pasado el tiempo, en este hipotéticamente nuevo escenario, la presentación clínica de la enfermedad será probablemente más leve, y nos encontraremos conviviendo con la COVID-19 año tras año de forma mucho menos conflictiva a la que lo estamos haciendo ahora, transformándose en una “relación” más similar a la que experimentamos con otros virus con los que habitualmente cohabitamos.

Referencias Simmonds, P., Aiewsakun, P., & Katzourakis, A. (2019). Prisoners of war—host adaptation and its constraints on virus evolution. Nature Reviews Microbiology, 17(5), 321-328. https://www.heraldo.es/noticias/sociedad/2020/03/17/es-muy-probable-sars-cov-2-se-atenue-y-vuelva-cada-invierno-como-gripe-entrevista-luis-enjuanes-1364350.html

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